En la costa egea de Turquía, la fecha condiciona el viaje más que la propia embarcación. El mismo yate con tripulación produce dos semanas muy distintas en mayo y en agosto: el agua varía unos ocho grados, el número de barcos fondeados en una misma cala se multiplica y la tarifa diaria cambia de forma notable. Esta guía divide la temporada en cuatro tramos y explica qué esperar del mar, del viento y de la afluencia en cada uno, además de cuándo conviene reservar. Abril y mayo: agua fría, calas vacías La flota de charter con base en Bodrum, Göcek y Marmaris —los tres puntos de salida principales de la costa egea turca— suele botarse en la última semana de abril. Las temperaturas diurnas se sitúan entonces entre 20 y 24 °C, mientras que el mar se mantiene en torno a 18–20 °C hasta mediados de mayo. Se puede nadar, pero poco tiempo: la mayoría entra unos minutos y sale. A cambio se gana espacio. La costa sigue verde, muchas calas quedan vacías por la noche y el régimen de viento es previsible. El meltemi, el viento del norte que domina el verano egeo, todavía no se ha instalado. En primavera predominan los vientos del suroeste y las brisas locales, con algún frente que deja lluvia uno o dos días. Por eso mayo es el mes más cómodo para planificar travesías largas. De Bodrum a Cnido, en el extremo occidental de la península de Datça, hay unas 35 millas náuticas: alrededor de cuatro horas y media a 8 nudos, y se pueden hacer sin pelear contra el viento de la tarde. Las tarifas están en su punto más bajo y la disponibilidad es amplia. Junio: el mes de equilibrio Junio es el mes que eligen los clientes con más experiencia. El mar alcanza unos 23 °C a mitad de mes, el aire se estabiliza en 28–30 °C y los días son largos: a finales de junio el sol se pone hacia las 20:40, lo que deja un margen amplio para llegar a fondeo al final de la jornada. El meltemi suele aparecer en la segunda quincena. Sopla del norte y del noroeste, arrecia por la tarde y cae después del ocaso. En junio se mantiene casi siempre en fuerza 3–4: suficiente para navegar a vela, no tanto como para rehacer la ruta. Fondeaderos conocidos como la bahía de Kargı, en la península de Bodrum, o las ensenadas del golfo de Gökova todavía tienen sitio por la tarde. Los barcos de junio se venden en invierno. Quien decide entre enero y marzo consigue el yate y las fechas que quiere; a partir de abril las opciones se reducen de forma clara. Julio y agosto: viento y afluencia Son a la vez los meses más calurosos y los más ventosos. Las máximas llegan a 33–35 °C y el mar alcanza 26–27 °C en agosto. Entre mediados de julio y mediados de agosto el meltemi es más constante, y fuerza 5–6 en aguas abiertas por la tarde resulta habitual. Eso condiciona la navegación. En las jornadas con rumbo norte u oeste, lo razonable es navegar entre las 08:00 y las 12:00 y pasar la tarde fondeados. Los patrones buscan aguas protegidas: el golfo de Gökova se orienta de este a oeste y corta buena parte del norte, mientras que el golfo de Hisarönü y las doce islas frente a Göcek permiten etapas de tres a seis millas incluso con viento fuerte. Los precios tocan techo y los yates más solicitados suelen quedar cerrados el invierno anterior. Agosto es además el mes vacacional europeo, con la demanda italiana y francesa concentrada ahí. Funciona bien para familias atadas al calendario escolar; es el mes más difícil para quien busca silencio. Septiembre y octubre: la segunda calma El meltemi afloja la primera semana de septiembre y desaparece en buena medida en la segunda quincena. El mar sigue en torno a 25 °C —se enfría más despacio que el aire tras un verano largo— y las máximas bajan a 28–30 °C. Desde mediados de mes las calas se vacían con rapidez. Octubre es el mes peor entendido de la temporada. En su primera mitad el agua se mantiene a 23–24 °C y el aire en 24–26 °C, pero la luz se acorta de golpe: hacia mitad de mes el sol se pone sobre las 18:35, lo que obliga a adelantar unas dos horas el plan de navegación. En la segunda quincena aumentan los frentes y el viento del suroeste, y la mayoría de los barcos vara en la última semana. Septiembre y octubre sirven también para quien está valorando una compra: la flota sigue en el agua, los puertos están despejados y los armadores hacen balance de temporada. Elegir mes depende de si la prioridad es la temperatura del agua, la tranquilidad o la navegación a vela. Si nos indica las fechas en las que realmente puede viajar, podemos trabajar al revés y proponerle la zona que mejor encaje con ellas.